Claves Musicales : Boletín-e de Música Clásica

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Enlace permanente 15 de Diciembre, 2005, 16:06

Para los distraídos, hemos inaugurado la nueva dirección del Blog de Claves Musicales.
Sírvanse honrarnos con su visita al link:

http://claves-musicales.blogspot.com

¡Gracias por su compañía y lectura!

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17 de Octubre de 1849

Enlace permanente 17 de Octubre, 2005, 0:00

La literatura y la historia de la música están atestadas de palabras para describir su corto paso por la vida, y, particularmente, me sobran los ahogos emotivos que significan la pasión de su música.
En todo el mundo se celebran hoy los 156 años de la muerte de Federico Chopin.

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Música y Literatura: Paganini bajo la pluma de Heine

Enlace permanente 16 de Octubre, 2005, 23:00

Para quienes vivimos la historia (años ´80s mediante) bajo la lupa-filtro de estéticas como las de Tim Burton, el músico romántico se nos aparece a veces con los exagerados y casi cómicos rasgos del romántico en decadencia, el enfervorizado y colérico amante que -wertheriano- pierde apologético la vida por un amor; o por cuya sensibilidad sufre desmayos y palideces extremas; viste de negro con el cabellito revuelto, se emociona sin sentido con los versos de Schiller o con la atención fija en una florecita silvestre, o tiene una personalidad, o dos, o -¡aún mejor!- tres.

De niña, más exagerada aún la figura, y en el imaginario popular, alguien siempre en el pensamiento tose sangre sobre las teclas o sobre un pañuelito de puntillas con camelias en un jarrón de flores, algún otro desmaya en vinagre, otros simplemente lagrimean con la vista el contorno de una melodía.

Más o menos es este retrato de figurita caricaturesca, mitad patético, mitad cómico, mitad inspirador -que coquetea valiente con el cielo y con el infierno- el que siempre acompañó a mis románticos, acaso convirtiéndonos de a poco en un cómic Dr. Jekyll de un romanticismo fuera de época, de tiempo, de estética, a contramano del mundo.

Ah.

El fervor romántico.

Es, sin dudas, el fervor de las nuevas naciones, el espíritu de las revoluciones, el arraigo a la tierra... y la supremacía del sentimiento por sobre la razón, el que me atrajo -y me atrae todavía- hacia estos confines de arte a veces harto luminoso, a veces, soberanamente oscuro.

¿Cómo no sentirse atraído, entonces, por la figura del -tantas veces frívolo como compositor- intérprete virtuoso? ¿Y cómo no darle crédito, además, a la leyenda -tan simpática- del condenable trato con las tinieblas?.

El muchas veces censurado y generador de revuelos, el autoexiliado Heinrich Heine (1797-1856) de 1830 (¡Heine!, de romanticismos ténebres... hablando de Roma), se ocupó de plasmar -además de muchas otras tantas historias de sus contemporáneos-, el por entonces ya instituido mito de Paganini; dejando además un hermoso retrato del "sentir" romántico por la música (no hay descripciones más bellas que las de Heine a la hora de "narrar" los sentimientos que la música le provoca).

"...Por lo que a mí se refiere, ya conoce usted el otro lado de mi afición musical, la capacidad que tengo de ver la figura adecuada de cada nota que oigo sonar; y así sucedió que, con cada movimiento de su arco, Paganini ponía ante mis ojos imágenes y situaciones visibles, y en una escritura plástica de sonidos me contaba todo género de historias estridentes, que desfilaban ante mí como un fuego coloreado de sombras, en el que él mismo, con su música, era el protagonista..."

Sus retratos humanos son hábiles y, a mi gusto, sencillamente geniales a la vez que mordaces e incluso invitaciones a la carcajada oscura. Aquí, un fragmento de estas delicadas descripciones.

"...Si Paganini me pareció ya harto extraño y fantástico, al verle venir (...) ¿qué sorpresa no habría de producirme en la tarde del concierto su estremecedora y extraña figura? (...) En la sala había un silencio religioso. Todos los ojos estaban clavados en la escena. Todos los oídos se preparaban para escuchar. (...)
Finalmente apareció en escena una figura oscura, que parecía haber salido del infierno; era Paganini con su traje negro de etiqueta, frac negro y chaleco negro, de hechura horrible, como quizás lo prescribía la etiqueta infernal en la corte de Proserpina, unos pantalones negros que caían temerosos por las piernas flacas. Los largos brazos parecían alargarse más aún cuando, con el violín en una mano y en la otra el arco -con el que tocaba casi la tierra- hacía el artista al público sus inverosímiles reverencias. En los esquinados contornos de su cuerpo había una rigidez terrible, y al propio tiempo algo cómicamente animal, que inducía a reírse; pero su cara, más cadavérica aún por la chillona iluminación de las candilejas, tenía una expresión suplicante, tan estúpidamente humilde, que una compasión tremenda sofocaba nuestro deseo de reír. ¿Habrá aprendido estos saludos de un autómata o de un perro? Esa mirada suplicante, ¿es la de un enfermo moribundo o acaso la mueca burlona de un avaro astuto? ¿Es un hombre vivo a punto de fenecer y que va a divertir al público con sus convulsiones, como un luchador moribundo, o un muerto que ha salido de la tumba, vampiro del violín, que, si no la sangre del corazón, extrae de nuestros bolsillos el dinero almacenado?..."

Me gustaría mucho compartir, entonces, algunos fragmentos de "Noches Florentinas" de Heinrich Heine, divididos éstos en tres partes, para no hacer tan tediosa la lectura en la pantalla del blog.

Que lo disfruten.

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"Noches Florentinas" - I

Enlace permanente 16 de Octubre, 2005, 23:00

"...- ¿Le gusta a usted Paganini? - preguntó María.
- Ese hombre -replicó Maximiliano- honra a su patria y merece ciertamente la mención más sobresaliente cuando se habla de las notabilidades musicales italianas.
- No le he visto nunca -advirtió María-, pero según la fama su exterior no satisface plenamente al sentido de la belleza. He visto retratos suyos...
- Que no se parecen -interrumpió Maxilimiliano-; le afean o le embellecen, pero no reproducen nunca su verdadero carácter. Creo que no hay más que un hombre que haya conseguido transladar al papel la fisonomía de Paganini. Es un pintor sordo, llamado Lyser, que, en su ingeniosa insensatez, ha logrado reproducir en pocos trazos la cabeza de Paganini, de tal manera que la verdad del dibujo asusta y hace reír a un tiempo. "El demonio me ha llevado de la mano", me decía el pintor sordo, con una risita misteriosa e inclinando irónicamente la cabeza, como suelen hacer en sus travesuras geniales (...)
¿No hay hombres para quienes las notas mismas no son sino signos invisibles en los que oyen colores y figuras?
-¡Uno de esos hombres es usted! -exclamó María.
-Siento no poseer ya el pequeño dibujo de Lyser. Quizá le diera a usted una idea del exterior de Paganini.
Sólo en trazos breves, de un negro estridente, podían ser recogidos aquellos rasgos fabulosos, que parecían pertenecer más bien al reino azufrado de las sombras que al mundo soleado de la vida. "En verdad, el diablo me ha llevado de la mano", me aseguraba el pintor sordo (...) el día en que Paganini daba allí su primer concierto.
-Sí, amigo mío- prosiguió. Es cierto lo que afirma todo el mundo de que ha vendido al demonio el cuerpo y el alma para ser el mejor violinista del mundo, para ganar millones con su arte, y por de pronto para librarse de la maldita galera en que vivía atormentado hacía ya muchos años. Pues sepa usted, amigo mío, que siendo director de orquesta en Luca se enamoró de una princesa de teatro, sintió celos de un pequeño abate, fue quizá cocu, apuñaló en buen italiano a la amada infiel, fue condenado a galeras en Génova y, finalmente, como he dicho, vendió su alma al diablo para conseguir la libertad, para ser el mejor violinista y poder imponernos esta tarde a cada uno una contribución de dos táleros... ¡Pero vea usted, Dios sea alabado! ¡Vea usted, allí viene, por la Avenida, con su fámulo equívoco!.
"En efecto, era Paganini el que bien pronto apareció ante mi vista. Llevaba un abrigo gris oscuro que le llegaba hasta los pies, con lo cual su figura se erguía altísima. El largo cabello negro caía en rizos desordenados, sobre sus hombros y formaba como un marco oscuro en torno a la cara pálida, cadavérica, en la que las preocupaciones, el genio y tormentos infernales habían trazado surcos imborrables. Junto a él danzaba una figurilla diminuta, muy cuidada y prosaica, una cara rosada, llena de arrugas, una casaquilla gris clara, con botones de acero, que saludaba amistosamente en todas direcciones y a veces miraba con preocupación asustada a la figura sombría que iba a su lado, seria y cavilosa. (...)
¿No es como si siguiera llevando la barra de hierro entre las piernas? Se ha habituado a ese paso para siempre. Véalo usted con qué desdén irónico mira a su acompañante, cuando éste le molesta con sus preguntas prosaicas. Pero no puede prescindir de él, un contrato le liga a este servidor, que no es otro que el propio Satán. Claro que el vulgo ignorante se figura que este acompañante es un autor de comedias y anécdotas, Harry, de Hannover, que Paganini lleva consigo en sus viajes para administrar sus asuntos de dinero. El pueblo no sabe que el diablo ha tomado la figura de Jorge Harry y que la desdichada alma de este pobre hombre está encerrada en Hannover en un cajón, hasta que el demonio le devuelva su envoltura carnal para acompañar acaso por el mundo a su maestro Paganini en la forma, más digna, de perro negro..."

H. Heine, Noches Florentinas.
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Noches Florentinas - II

Enlace permanente 16 de Octubre, 2005, 23:00

"...Eran notas que se besaban, que luego se alargaban provocativas y que finalmente volvían a abrazarse riendo y se extinguían fundidas en embriaguez.
Las notas jugaban alegremente, como las mariposas cuando se evitan provocativamente una a otra, se esconden tras una flor y finalmente se atrapan para, embriagadas de dicha etérea, ascender juntas en la luz dorada del sol. Pero una araña, una araña puede lanzar súbitamente un destino trágico sobre estas mariposas enamoradas.
¿Lo adivinaba así el corazón joven? Una nota, una nota que suspiraba melancólica, un como presentimiento de infortunio en acecho se deslizaba suavemente por las encantadoras melodías que salían del violín de Paganini... sus ojos se humedecen... se arrodilla en oración ante su amada, pero ¡ay! ¡al arrodillarse para besar sus pies, ve debajo de la cama a un pequeño abate! No sé lo que tendría contra el pobre hombre, pero el genovés se puso pálido como la muerte, cogió al pequeño abate con manos furiosas, le dio varias bofetadas y un número considerable de puntapiés, lo echó a empujones y sacando en seguida un largo estilete del bolsillo, lo clavó en el pecho de la joven hermosa.

En este momento estalló en todas partes un clamor: "¡Bravo! ¡Bravo!". Los hombres y mujeres de Hamburgo tributaban su más estrepitoso aplauso al gran artista, que acababa de terminar la primera parte de su concierto y se inclinaba más rígido y esquinado que nunca. En su cara antojábaseme percibir una humildad más suplicante todavía que la de antes. En sus ojos se expresaba un temor horrible, como el de un pobre pecador.
-¡Divino!- exclamó mi vecino (...) rascándose las orejas. Esta pieza sola vale ya dos táleros.
Cuando Paganini comenzó a tocar de nuevo, un panorama sombrío surgió ante mí. Las notas no se transformaban en formas y colores claros; antes bien la figura del maestro envolvíase en sombras densas, de cuya oscuridad brotaba una música de lamentos desgarradores. Sólo a veces, cuando una lamparilla que pendía sobre él arrojaba sobre su figura una luz escasa, veía yo su rostro pálido, del que la juventud no se había extinguido aún (...)
Detrás de él movíase una cara, cuyos rasgos eran los de un jocundo macho cabrío, y unas manos largas, peludas, que pertenecían al parecer a esa cara, se posaban a veces en ayuda del músico sobre las cuerdas del violín con que Paganini tocaba.
A veces le llevaba también la mano del arco, y entonces una risa de aplauso, que era como un balido, acompañaba a las notas, que brotaban del violín cada vez más dolorosas y sangrientas. Eran notas como el canto de los ángeles caídos (...), notas en cuya hondura sin fondo no había consuelo ni esperanza..."

H. Heine, Noches Florentinas.
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Noches Florentinas - III

Enlace permanente 16 de Octubre, 2005, 23:00

"...El atormentado violinista rasgó de pronto su violín de un modo tan locamente desesperado, que las cadenas se rompieron con estrépito y el siniestro ayudante desapareció (...)

-Qué lástima que le haya saltado esa cuerda; es que es un pizzicato muy continuado.

¿Había saltado realmente la cuerda?. No lo sé. Sólo advertí la transfiguración de la música y me pareció que Paganini y los que le rodeaban se habían transformado de pronto completamente. Ahora apenas podía reconocerle el hábito pardo de monje, que más que vestirle lo ocultaba.
La cara descompuesta, medio tapada por la capucha, una soga a la cintura, descalzo, solitario, aparecía Paganini de pie, tocando el violín encima de una roca que se adentraba en el mar. Me parecía que era la hora del crepúsculo (...) Pero cuanto más se enrojecía el mar, tanto más palidecía el cielo; y cuando finalmente las aguas alborotadas semejaban sangre escarlata, el cielo adquirió una claridad espectral, una blancura cadavérica, mientras brotaban en él, grandes y amenazadoras, las estrellas... y estas estrellas eran negras como carbones brillantes. Los sonidos del violín hacíanse cada vez más tempestuosos y osados; en los ojos del espantoso músico brillaba un afán de destrucción tan burlón y sus labios delgados se movían con tal cruel apresuramiento, que parecían murmurar fórmulas antiquísimas de encantamiento, con las que se conjura la tormenta y se desencadenan aquellos espíritus perversos, presos en los abismos del mar.
A veces, cuando sacando el brazo desnudo y flaco de la ancha manga del hábito movía el arco en el aire, parecía realmente un brujo que con la varita encantada diese órdenes a los elementos, y entonces salía de las profundidades del mar un aullido enloquecido, y las espantadas olas de sangre brincaban de tal modo que casi cubrían con su espuma roja el cielo pálido y las estrellas negras. Sonaban rugidos, alaridos, desgajamientos, como si el mundo fuese a hundirse en pedazos. (...)

El espectáculo confundía de tal modo el ánimo, que, para no volverme loco, me tapé los oídos y cerré los ojos. Pero de pronto desapareció todo, y cuando abrí los ojos sólo vi al pobre genovés, con su figura ordinaria, haciendo sus habituales reverencias, mientras el público aplaudía encantado. -De modo que ésta es la famosa pieza sobre una sola cuerda -comentó mi vecino-..."

H. Heine, Noches Florentinas.
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Scripta Manent - Beethoven y su "Grosse Fuge"

Enlace permanente 13 de Octubre, 2005, 18:25

Para comenzar a dar fluidez a este espacio, transcribo un artículo expuesto recientemente en el Diario Argentino "Clarín digital" (con las debidas consignaciones de fuentes, tal y como lo indica Santa Ética Periodística Mártir).

En los sucios estantes de una Biblioteca de Pensilvania, ubicada en un sótano desatendido y a manos de quien no supo apreciarla, se encontró recientemente una partitura manuscrita del dúo para pianos "Grosse Fuge" de Beethoven, obra que se hallaba perdida desde hace más de 100 años.

En diciembre será rematada en el famoso "Sotheby´s" y se espera que rompa los últimos récords de "subastas Beethoven": ¿más o menos dos millones de dólares?.

Ah, Ludwig.

En tanto, me quedo simplemente pensando en el destino trágico de ciertas obras musicales, condenadas a un absurdo silencio, descubiertas tan insólita y tan ridícula como tardíamente.
O es que tal vez la obra resurge cuando la humanidad la necesita.

Del mismo modo, pienso en las autoridades de la Biblioteca que tenía a Beethoven sin saberlo, y en las Bibliotecas de Música de Hispanoamérica, a veces con tan poco cuidado en el escasísimo material que disponen para compartir.

¿Será cierto entonces, que las palabras vuelan, pero lo escrito permanece?

Natalia Cháneton - secretaria@clavesmusicales.com

EE.UU.: Hallan en un sótano una partitura de Beethoven perdida hace 115 años. Se trata del manuscrito de la composición para dúo de pianos "Grosse Fuge". Saldrá a remate en diciembre y se estima que podría ser vendida en más de un millón y medio de dólares.

La partitura manuscrita de una de las obras más revolucionarias del célebre compositor alemán Ludwig Van Beethoven, que se había perdido hace 115 años, fue encontrada en el sótano de un seminario religioso de Pensilvania, en EE.UU.

Se trata de la partitura de trabajo -de unas 80 páginas- de la rara composición para dúo de pianos "Grosse Fuge". La pieza está llena de anotaciones al margen, escritas por el propio Beethoven y hacía 115 años que se encontraba extraviada.

El hallazgo fue confirmado por la tradicional casa de remates Sotheby"s, que la subastará el 1 de diciembre. Según estiman los especialistas, la partitura está valuada entre 1.7 y 2 millones de dólares.

"Es un descubrimiento asombroso. El manuscrito se conocía sólo por una breve descripción en un catálogo de 1890 y nunca antes había sido visto o descrito por los estudiosos de Beethoven", dijo Stephen Roe, responsable del departamento de manuscritos de Sotheby's.

En tanto, Lewis Lockwood -un experto en la obra del compositor alemán de la universidad de Harvard- le dijo al diario The New York Times que se trata de "algo muy grande".

La partitura fue encontrada de modo casual. Un vocero de Sotheby's informó que estaba guardada en el sótano del antiguo Seminario Teológico Baptista del Este, en Pensilvania.

Una empleada del seminario halló el documento cuando realizaba un inventario en el sótano del edificio. Estaba guardado en uno de los armarios de la biblioteca de la institución.

La partitura, está escrita en tinta negra y marrón. Y en los márgenes incluye anotaciones hechas en lápiz rojo. Se cree que un industrial de Cincinnati, aficionado a componer himnos religiosos, la adquirió en 1890 y la llevó a los Estados Unidos.

Fuente: Diario Clarín - Versión Digital
http://www.clarin.com/diario/2005/10/13/um/m-01070348.htm
Jueves 13 de Octubre de 2005

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Bienvenidos al Blog de Claves Musicales

Enlace permanente 6 de Octubre, 2005, 3:36

Un blog, llamativo y creciente fenómeno de internet en estos últimos años, es un espacio íntimo, una suerte de "diario" de tono habitualmente informal, cuyo ámbito permite a sus administradores plasmar artículos sin restricciones de espacio, tiempo o temática; ordenados éstos cronológicamente y generalmente actualizados con noticias de interés para cierto público específico, a veces -y no siempre- dando la posibilidad a sus lectores de participar con comentarios, sugerencias y enlaces de interés.

Con estos márgenes de libertad, sin la presión del boletín mensual o la limitación temática relacionada exclusivamente al vocabulario técnico de la música clásica, me tomo el gusto de inaugurar entonces este espacio personal de Claves Musicales, en donde, quienes trabajamos en bambalinas en pos del resultado final, dejaremos huella de impresiones musicales, vivencias artísticas y -a veces incómodamente pesadumbrosas; otras, gratamente felices- experiencias humanas.

Cada mes se hace más palpable la sensación de Comunidad que abraza el proyecto "Claves Musicales" que iniciara Gabriel Blasberg allá por el 2001, sumando más de 16.000 músicos activos de todo el mundo, y, a la vez, dando espacio dinámico para que cada uno de ellos pueda brindar su aporte y sus ideas. Sin dudas, sigue en pie y se acrecienta día a día el lema "ayudando a los músicos a concretar sus proyectos".

Detrás, en el silente y grato anonimato de quienes escriben, no sólo hay un trabajo esforzado y atento, lleno de errores humanos y de -¿algunos?- escasos aciertos producto del entusiasmo: hay una ilimitada pasión por la música, por los músicos, por el conocimiento, por la divina solidaridad de compartir lo aprendido.

Es esa pasión, pasión infinita, joven, siempre fresca, con la que los convidamos en este blog a los lectores de "Claves Musicales": esperando poder compartirla.

Bienvenidos.

Natalia Cháneton, Asistente Claves Musicales. 
secretaria@clavesmusicales.com
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